Si vas a decir lo que quieres, también vas a oír lo que no quieres.
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Si vas a decir lo que quieres, también vas a oír lo que no quieres.
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No es ninguna medida de salud, estar bien ajustado a una sociedad profundamente enferma.
— Jiddu Krishnamurti

Hoy se cayó Gmail en todo el mundo, o en casi todo el mundo.
Dos cosas me quedaron dando vueltas en la cabeza sobre el asunto:
Siempre que pasa algo inusual con Google, la Internet toda habla de eso. Es el medio autorreferente por excelencia. Internet habla de sí misma, se inventa a sí misma. Internet aliena. Y todo esto gracias a nosotros, los alienados y monotemáticos internautas.
Internet es la res publica en la república de Internet, y de otros temas se dice poco o nada; lo de afuera no le importa a Internet. Las noticias de internet se filtran al mundo analógico y se replican en todos los noticieros y programas de variedades, pero pocas veces se da la inversa.
Internet ha ocupado el lugar de la televisión como emisor de verdad.
Segundo, el día que pase algo inusual, pero verdaderamente grave con Google (y quizás esto caiga en terreno de la ciencia ficción alarmista, quizás sea tan probable como recibir el impacto de un meteorito que provenga de Krypton) las papeleras van a hacer un dineral. No por lo que habrá que imprimir o escribir a mano, sino por la cantidad de culos que van a tener que limpiarse durante y una vez ocurrida la hecatombe.
No depender del Leviatán y a la vez pertenecer al Leviatán es una paradoja irresoluble.
Las nubes también suelen traer tormenta.
A veces el rock suele ser tan fachista como algunas de sus libertinas causas.
Aunque pensándolo, el rock no lo es, lo son los periodísticamente metaforizados “inadaptados de siempre”.
Muchas veces, el estúpido intento de extraintelectualizar el rock impide el disfrutar de piezas artísticas, tan libremente como fueron muchas veces concebidas. Es que lo que no fue concebido con semejante grandeza cae por su propio peso, es el caso de las músicas hechas desde el culo, y no del corazón. Tarde o tremprano caen por el propio peso, el peso de los culos caídos.
Hay corrientes del rock en que sus fundamentalistas feligreses separan mandamientos periodísticos y marketineros con mandamientos del corazón. Es la religión de la estética: señalan al uniforme desde la sastrería. La libertad artística es la que nos aleja de la culpa artística, y la del decir “oh que bien, oh que mal”.
— Pepo Romano en Facebook.